miércoles, 24 de julio de 2013
AYUDEMOS a los que PERDIERON TODO en Tonalá.
Estás en tu casa. Se escucha que viene una fuerte tormenta. El crujir de las nubes al chocar entre sí lo anuncia. Caen las primeras gotas y se confirma: está lloviendo.
Sientes miedo. Has estado viendo que cuando la precipitación es muy intensa, pueden empezar a salir goteras o hasta daños graves en las casas. Prefieres no pensar en eso y mejor juntas a tu familia para tratar de hacer el momento menos complicado.
La lluvia empieza a golpear más fuerte, las gotas parecen ser pedradas y cada vez más constantes. El techo comienza a parecer no tan fuerte y el miedo de que algo pase crece.
La televisión dice que cerca de donde tu vives, la corriente acaba de arrastrar a un hombre que estaba arriba de su carro y se confirma la primer víctima fatal de esta lluvia. Si pensabas salir a ver qué pasaba afuera, has abortado esa idea.
A partir de ahí, todo duele un poco más. La caída de agua parece tener coraje y quien empieza a sufrir las consecuencias es el hogar que con tanto trabajo has construido. Se cae la pared que colinda con la calle. Tu hija de 5 años comienza a llorar mientras te pregunta qué pasa. Tu solo le dices que no se preocupe, que todo estará bien. Lo dices sabiendo que es mentira, pero no encuentras algo mejor que contestarle. Lo siguiente en caer es la puerta del patio. El viento es como el que solo habías visto en las películas. De ese que grita al moverse y que conduce con él pedazos de tierra, ramas y lo que encuentra a su paso. También lleva agua. Mucha agua que comienza a filtrarse en tu casa y a hacer un pequeño charco. El viento sopla más fuerte y ahora se derrumba la pared del cuarto de tu hija. El agua ya te llega a las rodillas, pero a tu hija le toca la cintura. Es ahí cuando tomas la decisión de llevar a tu familia a casa del vecino. Cuando tu, tu esposa y tu hija salen para tratar de llegar al hogar de al lado, te das cuenta que el vecino está en la calle, que su casa también se está inundando. Dentro de la intensa y golpeadora lluvia, tu y el vecino deciden llevar a sus familias al templo, a una cuadra. Caminar en esta lluvia es ensordecedor, pero no sabes ni cómo, pero sacas fuerzas, cargas a tu hija, tomas de la mano a tu esposa y llegas a un lugar a salvo.
Al día siguiente, una vez que la lluvia pasó, te diriges a tu casa, pero en lugar de encontrarla, te enfrentas a un terreno de ruinas. Perdiste tu hogar, tus bienes, tus documentos, tus recuerdos y todo lo que considerabas tu patrimonio. No sabes qué hacer. No entiendes por qué te está pasando esto. No encuentras una forma de salir de esto. Tu solo no podrás con tanto…
Parece una historia de ficción, ¿no? Pues no lo es. Esto le sucedió antier a más de 100 familias de Tonalá, a unos minutos de donde vives. Están desesperados. Perdieron todo. Se calculan pérdidas de 20 millones de pesos. Ya hay muertos y muchos damnificados.
La única forma de que esto cambie, de que esto mejore, es la unión solidaria. Es cuando por un segundo sientes que se te arruga el corazón y en vez de cerrar las noticias o este escrito, te decides por dejar por unos minutos tu cómoda silla y hacer algo por ayudar.
Estamos hablando de personas, de familias, de niños. De seres humanos como tu y como yo. Personas que sienten hambre, que sienten tristeza, desesperación… y que cuando alguien que no conocen les tiende la mano, de alguna forma también sienten esperanza, recobran los motivos para vivir, para luchar. Todo eso puede hacer el pequeño acto de levantarnos de nuestra silla y ayudar.
Hoy no importan quién tuvo la culpa, quién desprotegió a estas familias, quién hizo mal su trabajo. Hoy es más importante que los que están sufriendo, vean una luz de salida.
Queremos invitarte, con la mano en el corazón, sin importar nada más que lo más fuerte que nos une, nuestra natural tendencia a darnos la mano, a que ayudes a esta gente.
Es muy fácil.
La dinámica es la siguiente:
La gente de allá necesita ropa, cobijas, agua embotellada, alimentos, pañales y medicamentos.
Sabemos que es complicado que puedas salirte de tu trabajo, ir a un supermercado y comprar productos de ayuda. Para eso, nosotros te ayudamos a ayudar.
Estamos elaborando un KIT DE SOLIDARIDAD de 200 pesos. Este incluye cobija, aguas, pañales y otros productos que nuestros hermanos tonaltecas están necesitando.
Así es que si quieres ayudar y no tienes tanto tiempo, con nosotros puedes hacerlo de manera simple, siguiendo estos pasos:
1. Escríbenos en Facebook (Alejandro Hermosillo) o Twitter (@AlexHsillo o @AltavozJalisco ) manifestando que quieres apoyar a Tonalá.
2. Define cuántos Kits de Solidaridad quieres comprar. Cada uno cuesta 200 pesos. Necesitamos 100 Kits en total.
3. Nosotros nos pondremos en contacto contigo para ponernos de acuerdo y recoger el dinero, hacer las compras y llevarlos al Centro de Acopio.
** En Redes Sociales publicaremos una lista de las personas que ayudaron y con cuanto.
** Por cada apoyo registrado, habrá fotografías que demuestren con transparencia que todo lo recolectado sirvió para comprar Kits de Solidaridad.
** Los Kits de Solidaridad serán entregados en el Centro de Acopio de RMX (Luis Pérez Verdia #135)
miércoles, 5 de junio de 2013
La mejor forma de poblar la soledad.
Dos aplausos al aire, un golpe a la mesa.
Dos aplausos al aire, un golpe a la mesa. Repetición constante de este acto y
se confirma: se está haciendo música.
Hay un bebé en el cuarto. Tiene apenas 6
meses, pero su reacción refleja una madurez que muchos ya quisiéramos. Cuando
escucha la segunda ronda de aplausos y golpes a la mesa, deja todo lo que
estaba haciendo (digo, no estaba haciendo mucho, solo dejó el llavero de
plástico con el que estaba jugando) y abre los ojos un poco más, en señal de
que desde ese momento toda la atención estaría en el lugar origen donde se
producen aquellos sonidos. -Dos aplausos al aire, un golpe a la mesa- sigue
sucediendo y el bebé no tarda en empezar a mover su cuerpo al ritmo de las percusiones.
Sonríe mientras se mueve y aunque la combinación de golpes agudos y graves no
tiene una nota musical avanzada, sabemos que al bebé le gusta. Nadie le ha
dicho al pequeño que cuando escuche ese tipo de sonidos deba moverse. Lo
interesante es que como una reacción natural, como llorar, como abrir y cerrar
sus puños cientos de veces al día, como exigir alimento y buscar los ojos de su
madre desde donde se encuentre, el reciente ciudadano baila cuando escucha
música.
La música siempre ha sido un pilar en mi
vida. No al nivel de lo eterno (eso está monopolizado por mi amigo Dios), pero
sí de lo trascendente. Sin embargo, el concepto de música que tengo es algo
distinto al común. Yo creo que música es cualquier cosa que te mueva (interior
o exteriormente). Luego entonces, un poema, un discurso, un libro o hasta una
mirada pueden ser música. También los dos aplausos y el golpe a la mesa lo es. Con
este contexto, comprenderán entonces lo importante que es cada persona que hace
música en mi vida (tanto los que me rodean, como los que jamás conoceré en
persona).
Cuando pienso en el arte de lo musica,
siempre me viene a la mente lo difícil que debe ser hacer una canción. Hay que
combinar armoniosamente el sonido que produce la tensión de algunas cuerdas, el
eco que deja el paso vibrante del viento por un cilindro con entrada y salida y
el estruendo de cada golpe material sobre algún instrumento. Y todo esto,
enmarcado por alguna letra bien enritmada. Pareciera un proceso complicado de
creación. Si quisiéramos estudiar científicamente la forma de hacer una
canción, probablemente nos daríamos cuenta que puede llegar a ser un sistema
tan perfectamente organizado como el complejo mecánico que hace funcionar a un
avión o los algoritmos necesarios para programar a un robot. En pocas y
vulgares palabras, hacer una canción está muy cabrón. Y lo digo porque lo he
intentado. Una vez, un amigo y yo (él con su guitarra, yo con mi lápiz),
tratamos de construir una pieza musical. El resultado fue algo verdaderamente
asqueroso. No volvimos a tratar y el tema no se volvió a tocar.
Es por eso que creo que la creación musical
es un don que Dios le dio a ciertas personas. Pienso incluso, que esas personas
fueron enviadas por Él para cumplir una misión importante. Voy a hablar, para ejemplificar
mi teoría, de uno de estos “elegidos”. Aclaro que no es mi músico favorito y lo
he escuchado poco, pero me parece un buen testimonio de lo que un músico es. Me
voy a referir a Facundo Cabral, quien tuvo su último concierto en la Ciudad de
Guatemala el martes 5 de julio de 2011 en el Expocenter del Grand Tikal Futura
Hotel, a las veinte horas, donde concluyó su presentación con una frase que me
confirma que él tenía cierto vínculo especial con El Patrón: “Ya le di las
gracias a ustedes por esta vida; ahora que sea lo que Dios quiera, porque Él siempre
sabe lo que hace”. Dijo esta frase, interpretó su última canción (“No soy de aquí, ni soy de
allá”) y el telón se cerró. Es fácil de deducir que él ya sabía que unas horas
después, a las 5:20 am, camino al Aeropuerto de la Ciudad de Guatemala, tres
vehículos le cerrarían el paso al suyo para posteriormente cerrarle el paso
también a su circulación sanguínea. Varios disparos, un herido y Facundo Cabral
muerto. El objetivo central del ataque era el “empresario” (si es que se le
puede llamar así a los que obtienen dinero del sufrimiento) Henry Fariñas,
quien tenía nexos con “La Familia Michoacana” y una pandilla llamada “Los
Charros” que tenía negocios por más de mil millones de dólares. Aclaro esto, porque
cuando escuché la noticia del asesinato, me parecía increíble que alguien
quisiera muerto al místico, pacífico y luchador social, Facundo Cabral.
Entender que el ataque iba dirigido a alguien más, me hizo comprender que no
fue coincidencia, sino que era tiempo de que ahora Facundo regresara a la casa
del Padre a llenar de música y poesía aquel lugar.
Lo primero que escuché de él, hace tiempo
ya, fue: “Me gusta la gente simple”. Cuando leí el título no me pareció una
canción atractiva, pero cuando dice: “Me gusta la gente simple, aunque yo soy
complicado” me di cuenta que ya no había vuelta atrás, me había ganado. “La que
al vino le llama vino, la que al pan le llama pan y enemigo al enemigo” siguió
musicándome y conforme avanzaba la canción, me sorprendía de cómo alguien podía
resumir en 3 minutos lo que me ha llevado una vida inferir. Supe entonces, que
este vato (como muchos otros) había sido inflitrado en este mundo para
quitarnos las vendas de los ojos, los tapones de los oídos y las razones de los
sentimientos… En resumen, para hacernos una vida más fácil.
Este escrito es solo un confuso intento por
agradecerle a la música el acompañamiento que ha ofrecido a nuestras vidas.
Buenos, malos, hombres, mujeres, ricos, pobres, africanos, americanos, ingenieros,
doctores, viejos de 75 años, niños de 6 meses… Podemos tener todas las
diferencias posibles. No nos conocemos y tal vez nunca lo haremos, pero puedo
asegurarte que tu, yo y todos los que han pisado este mundo, alguna vez han
sentido ese movimiento instintivo e inexplicable al escuchar una canción. Eso,
eso se llama música. Eso, eso es un regalo de Dios. Eso es lo que nos asegura
que nunca hemos estado solos. Esa es la mejor forma que yo encontrado para poblar la soledad.
miércoles, 15 de mayo de 2013
Sobre encontrarse a la chica 100% perfecta una bella mañana de abril.
Una bella mañana de abril, en una callecita
lateral del elegante barrio de Harajuku en Tokio, me crucé con la chica 100%
perfecta.
A decir verdad, no era tan guapa. No
sobresalía de ninguna manera. Su ropa no era nada especial. En la nuca su
cabello tenía las marcas de recién haber despertado. Tampoco era joven –debía
andar alrededor de los treinta, ni si quiera cerca de lo que comúnmente se
considera una “chica”. Aún así, a quince metros sé que ella es la chica 100%
perfecta para mí. Desde el momento que la vi algo retumbó en mi pecho y mi boca
quedó seca como un desierto.
Quizá tú tienes tu propio tipo de chica
favorita: digamos, las de tobillos delgados, o grandes ojos, o delicados dedos,
o sin tener una buena razón te enloquecen las chicas que se toman su tiempo en
terminar su merienda. Yo tengo mis propias preferencias, por supuesto. A veces
en un restaurante me descubro mirando a la chica de la mesa de junto porque me
gusta la forma de su nariz.
Pero nadie puede asegurar que su chica 100%
perfecta corresponde a un tipo preconcebido. Por mucho que me gusten las
narices, no puedo recordar la forma de la de ella –ni siquiera si tenía una.
Todo lo que puedo recordar de forma segura es que no era una gran belleza.
Extraño.
-Ayer me crucé en la calle con la chica
100% perfecta –le digo a alguien. -¿Sí? –él dice- ¿Estaba guapa? -No realmente.
-De tu tipo entonces. -No lo sé. Me parece que no puedo recordar nada de ella,
la forma de sus ojos o el tamaño de su pecho. -Raro. -Sí. Raro. -Bueno, como
sea –me dice ya aburrido- ¿Qué hiciste? ¿Le hablaste? ¿La seguiste? -Nah, sólo
me crucé con ella en la calle.
Ella caminaba de este a oeste y yo de oeste
a este. Era una bella mañana de abril.
Ojalá hubiera hablado con ella. Media hora
sería suficiente: sólo para preguntarle acerca de ella misma, contarle algo
acerca de mi, y –lo que realmente me gustaría hacer- explicarle las
complejidades del destino que nos llevaron a cruzarnos uno con el otro en esa
calle en Harajuku en una bella mañana de abril en 1981. Algo que seguro nos
llenaría de tibios secretos, como un antiguo reloj construido cuando la paz
reinaba en el mundo.
Después de hablar, almorzaríamos en algún
lugar, quizá veríamos una película de Woody Allen, parar en el bar de un hotel
para unos cócteles. Con un poco de suerte, terminaríamos en la cama.
La posibilidad toca en la puerta de mi
corazón.
Ahora la distancia entre nosotros es de
apenas 15 metros.
¿Cómo acercármele? ¿Qué debería decirle?
-Buenos días señorita, ¿podría compartir
conmigo media hora para conversar?
Ridículo. Sonaría como un vendedor de
seguros.
-Discúlpeme, ¿sabría usted si hay en el
barrio alguna lavandería 24 horas?
No, simplemente ridículo. No cargo nada que
lavar, ¿quién me compraría una línea como esa?
Quizá simplemente sirva la verdad: Buenos
días, tú eres la chica 100% perfecta para mi.
No, no se lo creería. Aunque lo dijera es
posible que no quisiera hablar conmigo. Perdóname, podría decir, es posible que
yo sea la chica 100% perfecta para ti, pero tú no eres el chico 100% perfecto
para mí. Podría suceder, y de encontrarme en esa situación me rompería en mil
pedazos, jamás me recuperaría del golpe, tengo treinta y dos años, y de eso se trata
madurar.
Pasamos frente a una florería. Un tibio
airecito toca mi piel. La acera está húmeda y percibo el olor de las rosas. No
puedo hablar con ella. Ella trae un suéter blanco y en su mano derecha estruja
un sobre blanco con una sola estampilla. Así que ella le ha escrito una carta a
alguien, a juzgar por su mirada adormecida quizá pasó toda la noche
escribiendo. El sobre puede guardar todos sus secretos.
Doy algunas zancadas y giro: ella se pierde
en la multitud.
Ahora, por supuesto, sé exactamente qué
tendría que haberle dicho. Tendría que haber sido un largo discurso, pienso,
demasiado tarde como para decirlo ahora. Se me ocurren las ideas cuando ya no
son prácticas.
Bueno, no importa, hubiera empezado “Érase
una vez” y terminado con “Una historia triste, ¿no crees?”
Érase una vez un muchacho y una muchacha.
El muchacho tenía dieciocho y la muchacha dieciséis. Él no era notablemente
apuesto y ella no era especialmente bella. Eran solamente un ordinario muchacho
solitario y una ordinaria muchacha solitaria, como todo los demás. Pero ellos
creían con todo su corazón que en algún lugar del mundo vivía el muchacho 100%
perfecto y la muchacha 100% perfecta para ellos. Sí, creían en el milagro. Y
ese milagro sucedió.
Un día se encontraron en una esquina de la
calle.
-Esto es maravilloso –dijo él- Te he estado
buscando toda mi vida. Puede que no creas esto, pero eres la chica 100%
perfecta para mí.
-Y tú –ella le respondió- eres el chico
100% perfecto para mi, exactamente como te he imaginado en cada detalle. Es
como un sueño.
Se sentaron en la banca de un parque, se
tomaron de las manos y dijeron sus historias hora tras hora. Ya no estaban
solos. Qué cosa maravillosa encontrar y ser encontrado por tu otro 100%
perfecto. Un milagro, un milagro cósmico.
Sin embargo, mientras se sentaron y
hablaron una pequeña, pequeñísima astilla de duda echó raíces en sus corazones:
¿estaba bien si los sueños de uno se cumplen tan fácilmente?
Y así, tras una pausa en su conversación,
el chico le dijo a la chica: Vamos a probarnos, sólo una vez. Si realmente
somos los amantes 100% perfectos, entonces alguna vez en algún lugar, nos
volveremos a encontrar sin duda alguna y cuando eso suceda y sepamos que somos
los 100% perfectos, nos casaremos ahí y entonces, ¿cómo ves?
-Sí –ella dijo- eso es exactamente lo que
debemos hacer.
Y así partieron, ella al este y él hacia el
oeste.
Sin embargo, la prueba en que estuvieron de
acuerdo era absolutamente innecesaria, nunca debieron someterse a ella porque
en verdad eran el amante 100% perfecto el uno para el otro y era un milagro que
se hubieran conocido. Pero era imposible para ellos saberlo, jóvenes como eran.
Las frías, indiferentes olas del destino procederían a agitarlos sin piedad.
Un invierno, ambos, el chico y la chica se
enfermaron de influenza, y tras pasaron semanas entre la vida y la muerte,
perdieron toda memoria de los años primeros. Cuando despertaron sus cabezas
estaban vacías como la alcancía del joven D. H. Lawrence.
Eran dos jóvenes brillantes y determinados,
a través de esfuerzos continuos pudieron adquirir de nuevo el conocimiento y la
sensación que los calificaba para volver como miembros hechos y derechos de la
sociedad. Bendito el cielo, se convirtieron en ciudadanos modelo, sabían
transbordar de una línea del subterráneo a otra, eran capaces de enviar una
carta de entrega especial en la oficina de correos. De hecho, incluso
experimentaron otra vez el amor, a veces el 75% o aún el 85% del amor.
El tiempo pasó veloz y pronto el chico tuvo
treinta y dos, la chica treinta
Una bella mañana de abril, en búsqueda de
una taza de café para empezar el día, el chico caminaba de este a oeste,
mientras que la chica lo hacía de oeste a este, ambos a lo largo de la
callecita del barrio de Harajuku de Tokio. Pasaron uno al lado del otro justo
en el centro de la calle. El débil destello de sus memorias perdidas brilló
tenue y breve en sus corazones. Cada uno sintió retumbar su pecho. Y supieron:
Ella es la chica 100% perfecta para mí.
Él es el chico 100% perfecto para mí.
Pero el resplandor de sus recuerdos era tan
débil y sus pensamientos no tenían ya la claridad de hace catorce años. Sin una
palabra, se pasaron de largo, uno al otro, desapareciendo en la multitud. Para
siempre.
Una historia triste, ¿no crees?
Sí, eso es, eso es lo que tendría que
haberle dicho.
Por Haruki Murakami.
lunes, 28 de enero de 2013
Leer la vida
Yo no empecé a leer por interés. No esperaba sacar nada a
cambio. No quería mejorar mi vocabulario, parecer interesante o decirme culto.
Más bien lo mío fue una casualidad. Un gran amigo me regaló (bueno, me lo
prestó, pero jamás se lo regresé y ya es imposible devolverlo porque no lo
encuentro) el libro “El Negociador” de Frederick Forsyth y lo abrí más por su
insistencia que por convicción. Él nunca supo que ese fue el primer libro que
leí gustoso, así que ya son dos confesiones fuertes para él: su libro fue un
parteaguas en mi affair con las letras… pero se me perdió.
Pues empecé con el mentado Negociador y me costó trabajo.
Digo que me costó trabajo porque no podía dejar de leerlo. Frecuentemente me
encontraba de madrugada diciendo: “Una página más y me duermo” por “N” veces.
La historia central es simple: El hijo del Presidente de EUA
es secuestrado. Para hacer todo el proceso de trato con los delincuentes,
interviene un señor llamado Quinn, un gran vato de esos que si te descuidas
tantito hasta a uno andan enamorando. Un hombre inteligente, cortés y con una
buena filosofía de vida. El libro conduce oportunamente. Es ágil para leer y
atrapa mientras fluye. No es la gran literatura, pero en aquel momento, fue el
mejor libro que pude leer.
Fue a partir de ahí cuando me di cuenta que la vida se podía
leer y los libros se podían vivir. Cuando verifiqué que a través de las letras
se puede ser contemporáneo de todos los hombres y ciudadano de todos los
países.
El gusto por escribir vino después. Aquí aclaro que no es lo
mismo gusto que talento, para que luego no digan que no advertí. No me gusta
cómo escribo, pero me he dado cuenta que lo disfruto mucho. Es como aquella
boda donde ves en el centro de la pista a un arítmico ser humano, bailando como
si estuviera poseído, sin ningún sentido musical, pero que se ve que lo está
gozando como nadie más. Ese soy yo. Un tronco para escribir, una pluma que se
desliza ridículamente, pero que sin ninguna pretensión, lo siente.
Soy de ese tipo de personas que no acaba por comprender las
cosas hasta que las pone por escrito. No se bien si cuando escribo creo o si
descubro. Es decir, no tengo claro si lo que surge, ya estaba ahí, escondido y
solo lo alumbré con una lámpara o si fue algo nuevo que vino desde la
inspiración. Y honestamente, me vale.
Algunos escritos los publico, otros no. Algunos están en mi Moleskine
(que es un cuadernito tejido, pero lo llamo por su nombre pa sonar más interesante),
otros en mi computadora… hay otros que, incluso, me dio tanto miedo que alguien
los leyera que hasta los eliminé por completo. No sé, me imaginaba que moría y
que alguien tomaba mis pertenencias y empezara a leer tanta tontera que hasta
podría asustarse. Tendría razón para hacerlo, pero no es nada, solo son cosas
que todos pensamos pero que normalmente no quedan plasmadas. En fin, mejor los
eliminé.
Empecé mi blog y poco a poco empecé a tener un número de
visitas interesante (nada del otro mundo, pues), pero me encontré con una
situación que no esperaba. La gente empezó a dejarme claro que, contrario a lo
que en todas partes se nos dice, sí tenían interés en la lectura. La bronca
radicaba, más bien, en que no encontraban su lectura adecuada. Había gente que
empezaba por leer el Quijote y a la semana ya lo tenían deteniendo alguna
puerta de su casa. Y yo haría lo mismo. Si leo la versión pura del Quijote,
como mi primer lectura, voy a querer asesinar a alguien con mi grueso libro. Y
amigos empezaron a preguntarme por libros para empezar a leer. ¿Qué me
recomiendas leer? Me decían. Y me parecía taaan complicado dar una respuesta.
“Te puedo decir lo que a mi me ha gustado, pero pues eso soy yo, no nos puede
gustar lo mismo a dos personas.” O algo así respondía. Pero la cuestión seguía
en el aire. ¿Cómo empezar a leer? ¿Cómo encontrar algo adecuado a mis
intereses? Tengo amigos que se enamoraron de la lectura cuando empezaron a
hojear “Dios es redondo” de Juan Villoro (un libro sobre futbol) y otros que lo
hicieron a través de Shakespeare y algún pequeño libreto de teatro. Y ninguno
de los dos está mal, la lectura es íntima, personal, voluntaria, libre.
Es por eso que hoy quiero empezar un ejercicio en este blog.
Me he dado cuenta que una de las mejores formas de disfrutar algo, es
compartiéndolo. Una nieve, un vino, una pizza o un café (perdón, solo tuve
ejemplos de comida), son más ricos cuando los vives con alguien. Así también un
libro. Y eso es lo que pretendo hacer con la dinámica que hoy comienza.
La idea es hacer sentir a otros lo que nosotros sentimos al
encontrarnos con alguna lectura. Esto puede provocar que esos otros se
interesen por leer el libro que comentamos, que con lo poco que les platicamos
de él, les generemos inquietud, expectativa y se animen a leerlo… y si no, ya en el peor de los casos, por lo menos les
daremos una idea clara de la trama de aquel libro por si un día necesitan un
recurso intelectualoide para conquistar a una morra (o vato, según sea el caso)
o para deslumbrar a algún profesor. En cualquiera de los dos casos, nuestro
escrito tendrá un impacto positivo y en algo estaremos ayudando a la felicidad
colectiva.
Empecemos, pues, con esta dinámica. Vamos a publicar en el
blog ensayos de libros que hayamos leído antes. Más que un resumen, es un
escrito que describa las emociones, pensamientos e impactos que un libro tuvo
en nosotros. Digamos que la idea es tratar de responder a la pregunta: ¿Cómo
vivimos la lectura de aquel libro? Hagámoslo en no más de cuartilla y media.
Estilo y formato libre. Sean ustedes, es la mejor forma de escribir.
Estaremos publicando sus ensayos en este blog los miércoles.
En Twitter usaremos #VivirUnLibro y difundiremos también en Facebook. La idea
es que ustedes nos ayuden con sus historias, con los libros que están leyendo
actualmente o los que ya leyeron. Si inspiramos a una sola persona a leer, le
habremos cambiado la vida a alguien… así, tal y como lo hicieron en algún
momento con nosotros.
miércoles, 16 de enero de 2013
Respirar
Nunca como hoy había sido tan consciente de mi respiración.
Me sitúo en mis pulmones y percibo perfectamente todo el proceso de intercambio
de aire que sucede en ese lugar. Ahí está la primer bocanada que entra, puedo
verla, de un color verde, puro y que
como viento, se toca ligero. Llega la siguiente renovación y el aire que
parecía perfecto, en segundos y sin darme cuenta, ya estaba convertido en un
smog estilo centro de la ciudad a las 2:30 de la tarde. Me alivia ver que esa
horrible nube gris, pesada ya se va de aquí y en su lugar entra una nueva
corriente verde, pura y ligera. Espero que esta vez no se convierta en smog,
pero espero estúpida y egoístamente. Rápidamente también sufre la polución.
Primero me resisto un poco, pero después empiezo a
comprender que el hecho de que ese aire se contamine tiene una razón de ser.
Podríamos decir que es un sacrificado, que absorbe las sustancias nocivas de
nuestro sistema respiratorio y, cual chivo expiatorio, ofrece su vida a cambio
de filtrar lo que circula por ahí. Es entonces cuando entiendo que, aunque
parezca lo contrario, es más importante y valioso el aire oscuro y pesado, que aquel
brillante y armonioso viento que entró al principio.
Estando ahí parado, dentro de mi pulmón, por más raro que
suene, empiezo a sentir miedo. Algo de
lo que me siento orgulloso, es que en estos últimos días, he aprendido a
enfrentar al miedo. No sé exactamente cuándo ni por qué, pero me doy cuenta del
error que hemos cometido como humanos al negar nuestra propia condición y crear
clichés que dicen que “no hay que tenerle miedo a nada”, que “el miedo está en
nuestra mente” y que “está en nuestras manos derrumbar todos los miedos”. Nada más falso. El miedo es uno de los
sentimientos más reales y humanos que existen. El miedo expresa nuestra
condición de frágiles, de débiles y por lo mismo nos obliga a lo mejor. Imagino
un mundo sin miedo y lo único que veo es personas autosuficientes, viviendo sus
vidas con definición, sin la necesidad de los demás, haciendo muchas cosas,
pero amando poco… Lo imagino y de inmediato lo aborrezco. Así como aborrezco la
idea de que tener miedo sea malo. Acepto y hasta quiero mis miedos. Bien
tratados, sacan lo mejor de mi.
Y no, no es claustrofobia lo que siento(porque estar adentro
de un pulmón debe causar claustrofobia, me imagino, pero no). Es miedo. Es ese miedo que regularmente
acompaña a mi constante tendencia a preguntarme el por qué de cada pinche cosa,
es el miedo de no tener la respuesta o de darme cuenta que la respuesta en la
que creí siempre, siempre estuvo mal. Y es que así fue. Creí sin dudar que un
mundo lleno de armonía, pureza y claridad, llevaría a la plenitud. Creí que los
aires verdes y limpios eran los que daban la felicidad. Hoy puedo decir con
certeza que no es así. Es en lo gris, en lo oscuro, en lo confuso y pesado,
donde se encuentra la plenitud. Simple y sencillamente porque en esos feos
vientos se esconde una parte importante de la realidad, una parte que no
podemos negar, ocultar y que ni siquiera quisiéramos eliminar. Es ahí donde
están las desilusiones, los fracasos, las tristezas, los errores, las pérdidas,
las dudas y todos aquellos sinsabores que le dan sentido a lo demás. Es ahí
donde está el miedo… Ese hermoso miedo que nos mantiene más vivos que cuando pensamos
que todo está bien.
Sigo observando el proceso de mi respiración y ese miedo
empieza a tomar forma de tranquilidad. Me doy cuenta que incluso en la
contaminación se es feliz. Entiendo que lo importante no es buscar siempre la
pureza y perfección, sino más bien confiar en que se mudará… y mientras,
disfrutar el glorioso espectáculo de sustitución de aires, donde el momento más
bello no es cuando el aire limpio acaba de entrar, sino cuando se combinan los
verdes con los grises, los puros con los sucios, formando un nuevo tono, más
completo, más estético y más perfecto incluso que sus colores madre.
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