sábado, 16 de abril de 2016

La playa y Demián

Este viaje buscaba ser revelador y lo fue en muchos sentidos. Estuve, principalmente, observante. No tenía expectativas precisas sobre a dónde me llevaría, solo quería escuchar lo que la vida tenía que decirme y eso solo podía ser a través de dos formas: llamados interiores o vuelcos del destino. Una de las primeras conclusiones (si se le pueden llamar así, porque creo que este proceso nunca concluye) fue que el elemento más importante para escuchar a la vida es el silencio. El Universo no te va a con un ruido imposible de superar. O tal vez sí lo va a ser, pero lo que es un hecho es que no lo vas a escuchar. Tampoco lo va a hacer si estás en conversaciones pretenciosas incesantes. La vida sí habla a través de las personas, pero no desde sus egos, sino desde sus espíritus, desde sus corazones… y ese tipo de profundidad al hablar se logra con muy pocas personas, así que si somos crudos, en realidad, todas las demás conversaciones, también son una forma de ruido que, en la medida de lo posible, es necesario disminuir. Tampoco te va a hablar desde el activismo desmedido. La vida no necesita que estés intensamente inquieto para hacerte llegar su mensaje. No es como un tesoro esperando ser encontrado o descifrado, donde se requiere de la mayor actividad posible para acercarse a él. Tampoco es un concurso de voluntarismo, que solo premia a los que más “hacen cosas” con el éxito de la verdad. Es más bien algo que ya está ahí, en nosotros y que lo único que pide es que no le tengamos miedo, que no lo evitemos… y lo evitamos. Es tan común en nosotros que dejemos para luego lo importante, lo trascendente, y lo sustituyamos por lo momentáneo. Ahí radica en mucho la inconsciencia, creo yo. No es que nos digamos a nosotros mismos; Sí, vamos llenándonos de actividades, ruidos y gente para no escuchar nada. Es más bien que postergamos eternamente esa oportunidad. Mañana me siento a escribir, ahorita tengo ganas de estar con alguien. Mañana leo aquel libro nutritivo, ahorita necesito ver televisión. Mañana me doy tiempo para estar solo, ahorita quiero ir al antro, al cúmulo desmedido de personas desesperadas por algo. Y es así como lo momentáneo le gana a lo duradero. Pongo como ejemplo lo que fue este viaje para mis amigos. Era aterrizar, adormecer lo más posible los sentidos con la cantidad de sustancias necesarias para ello, buscar cualquier tipo de compañía, no importaba nada, más que estar con alguien. No importa si esa otra persona que logramos conquistar es, en su tierra, una estafadora, si abandonó a  sus personas queridas, si es sucia, traicionera o  estúpida. Lo que importa es que podamos acompañarnos un momento. Hacernos sentir, momentáneamente, mejor  a través de la idea de atracción y triunfo. Después durmamos lo más posible. Comamos lo que más daño nos hace. Hablemos de laos deseos más estúpidos que hay en nosotros. Pasémosla bien, aunque mañana, al regresar, no solo no seamos un poco mejores, sino que hayamos dado un paso atrás en este camino llamado vida. Y desde luego que no estoy en contra de la diversión, ni de los viajes de relajamiento (incluso moral), pero creo que deben ser pequeños lapsos de permitida inconsciencia, y no al revés.

Así que aquí estoy, terminando uno de los viajes más importantes de mi vida, donde no quise resistirme a nada, pues todo eran palabras que la vida pronunciaba para mi y, como tal, no hay error. Llovía y estaba bien. Y era delicioso saberlo, porque sé que en cualquier otro punto de mi vida, la lluvia, en el océano me hubiera enfurecido, pues la expectativa que hay en nuestras cabecitas es que en estos lugares debe haber sol. Esta vez no fue así. Dejé que lloviera (como si antes pudiera evitarlo, no?), no lance ni una queja por eso, lo tomé como una clara señal que quería decirme: contempla la lluvia bajo un techo o siente las gotas. No había más. Así que aproveche esta para disminuir la agenda de actividades bajo el sol y en vez de eso, leer, escribir o simplemente tocar batería en mi cuarto. Y pensé: ¿será que para el cumplimiento de mi misión en la vida, el destino le cagó las vacaciones a cientos de personas que sin deberla ni temerla les empezó a llover en su tan anhelado viaje? Desde luego que no, Alejandro. No hay división. Tu no eres uno y los otros son otros. Lo que para ti significó una oportunidad para quedarte en tu cuarto escribiendo, para otro significó una tarde de lluvia en la cara, haciéndolo disfrutar como nunca antes había disfrutado. Y para otro fue un gran gran enojo con el cielo, al grado que lo hizo cuestionarse por qué la vida era tan injusta con él, como parte de su camino hacia descubrirse a si mismo. A otra familia le implico mayor convivencia, a uno más le causó una fuerte gripa que a algún lado, no sabemos aún cual, lo llevará, siempre para seguir en esa misión de vida. Todos estamos unidos, en un grado de perfección que no logramos entender. Sin error. Sí, sin error. Nunca, en la historia de la humanidad, ha habido un solo error de la vida. Ni el holocausto lo fue. No, tampoco la pobreza. Son cosas difíciles de ver, pero que forman parte de un plan mucho más grande que la vida como la conocemos. Lo que tenemos que hacer es dejar de juzgar lo de afuera para concentrarnos en lo de adentro.

Ese camino sin resistencias me llevó a Demián, de Herman Hesse. Lo releí de inicio a fin. Me costaba creer lo que ahí encontraba. Era una conversación clara y evidente con Dios. No me daba indicaciones, porque si algo he aprendido es que no le gusta eso. Uno va creciendo con la idea de que si acaso tenemos la suerte de que Dios nos hable, será por medio de una inspiradora indicación. Alex, ve a este lugar. Alex, haz esto. Alex, la respuesta es esta. Y a lo máximo que llegamos es a confundir nuestra gran gran conceptualización moral (la que nos han dictado desde el vientre) con una respuesta de Dios. Nombre, Jesús murió justo para salvar esa idea, para demostrarnos que aunque fuera contra su propia vida, contra su propio sufrimiento, haría hasta lo imposible por respetar nuestra libertad. Más bien lo que hace (o lo que siento que hace) es sembrarnos inquietudes, inspiraciones, consciencia. Y eso no es exclusivo de algunos dichosos. Esa está sembrada en todos nosotros. En TODOS. Lo único que tenemos que hacer es acudir a esa semilla. Y no, esa semilla no está en el Templo de Jerusalén, ni en la Mezquita de Arabia, tampoco en la Iglesia más cercana. Esa semilla está dentro de nosotros. Es lo que muchos han llamado “nuestra misión en la vida”. La llevamos con nosotros todo el tiempo. La callamos, la sofocamos, la ahogamos, pero nunca se muere. Ahí está, como una semilla inmortal que solo espera un poco de agua para florecer. Es distinta para cada quien, por eso no es una indicación general, por eso cuando vemos que alguien se realizó haciendo tal o cual cosa y queremos imitarlo, sentimos que no logramos nada, porque esa es, tal vez, su misión, pero no la nuestra. Todos tenemos una distinta, de hecho, Ninguna se parece, siquiera. No es tan difícil de creer, hombre. Si el Creador logró hacer tantos elementos faciales y corporales como para hacernos a todos físicamente distintos, con mucha mayor razón puede hacerlo con nuestros espíritus. Y esa es la lección eterna de Demián. No soy yo, Stuart, el que te da las respuestas. Eres tu mismo. No es tu mejor profesor, no es tu amigo, no es tu padre quien te debe decir qué hacer. Es tu alma. Pistorios era un gran sabio y nadie mejor que él conocía la historia de la fe, los caminos filosóficos hacia la verdad, las distintas teorías de la consciencia, pero todas ellas eran escritas por alguien más. El mundo no estaba concluido, estaba en construcción, en elaboración constante y ahí, ni las teorías, ni la historia sirven de nada. Es el ladrillo de cada quien, con formas distintas entre todos, lo que edifica el universo. Es como un gran juego de tetris. Unos son rectángulos, otros cuadrados, otros tienen bifurcaciones extrañas, unos más son largos, otros pequeños, pero todos son importantes para completar el gran rompecabezas. De nada serviría ser un perfecto cuadrado, listo para embonar en el vacío que había por su ausencia, si en el momento de acercarnos a ella, de pronto, nos resistiéramos a esa forma y buscáramos ahora más bien ser un largo rectángulo. Podríamos alargar lo más posible nuestras extremidades, pero no embonaríamos con el lugar que nos estaba esperando y terminaríamos sin ser cuadro, ni rectángulo y dejando nuestro hueco sin el pedazo que faltaba. Y esa búsqueda es una aventura. Una aventura permanente. Una aventura que nos lleva a la paz. No se llega nunca a un estado absoluto de respuesta (según yo… todo es según yo). Se llega a una forma de ver el camino. Y con eso basta. A esa forma no le importa su llueve, si hace calor, si estamos solos , si acompañados, si tenemos dinero o si no. Esa forma de ver el camino nos dice que en todo está presente nuestra esencia, que en todo estamos evolucionando rumbo al siguiente paso, que en todo estamos cumpliendo nuestra misión en la vida.



¿Y a dónde me lleva a mi este camino? ¿Cuál es mi misión en la vida? ¿Qué debo de hacer con las grandes incógnitas que hay en mi vida? No lo sé. En verdad no lo sé. Y no hubo respuestas definitivas, determinantes, en este viaje. Hay veces que siento una fuerte necesidad de salir a buscar a la mujer de mi vida (whatever that means), que debe andar por ahí. Que me da miedo no encontrarla. Hay otras en que estoy convencido que no debemos estar juntos. Hay veces que me decido a estar solo por un largo tiempo. Hay otras en que sueño con la idea de establecerme con alguien pronto. Hay veces que quiero dedicarle más tiempo a mi trabajo. Hay veces que quiero mandarlo a la mierda y hacer otras cosas. Y todas esas visiones encontradas pude observarlas en este viaje. Y conocerlas, saludarlas y no tenerles miedo. Todas forman parte de mi. Soy muy inquieto. Lo que tengo claro es que estoy (como en cada minuto de la vida estamos) en un momento determinante para el resto de mi vida. Y estoy convencido de que este momento debo enfrentarlo yo solo. No en soledad, porque me acompaño siempre de la gente que me rodea, pero sí yo solo. Sin miedo. Confiado. Sin huirle a nada, sin evitar, sin evadir. Esa es, probablemente la única conclusión de estos días. Quiero más viajes como este. Quiero más días extraños, en que nada tenía sentido. Quiero más encierros en un cuarto de 3x3, tocando batería y haciendo ruidos con el celular, sabiendo que eso no me conducía a nada más que a un poco de risa provocada por la pérdida total de sentido. Y sé que en algún punto podré seguir teniendo esta parte tan mía, tan libre, tan personal, aún estando acompañado de alguien. Pero mientras lo logro, sé que necesito estar solo. Conocerme mejor. Experimentarme. Perderme, encontrarme, resistirme, dejarme llevar. Necesito verme al espejo en el que nunca me he visto. Desnudarme, notarme esa cicatriz, esa deformación, ese lunar, esa perfecta imperfección. Quererme y disfrutarme, para después querer y disfrutar a alguien. Y se que eso solo lo lograré con fluidez, sí, pero  también con un poco de lucha. No lucha contra mi, no lucha contra las condiciones de la vida. Lucha contra el mundo, Si yo hoy no hubiera luchado, me hubiera quedado con mis amigos en el ruido. Si no hubiera luchado, no tendría momentos de soledad, de enfrentamiento. El mundo, por alguna extraña razón, no nos quiere libres. Así que con coraje, que esto es la vida.


miércoles, 23 de marzo de 2016

Lo que me falta

No me siento bien. Admitirlo no es sencillo, pues implica un fracaso, un retroceso. Hace 2 meses podía asegurar con toda determinación que me encontraba bastante bien. Tranquilo, con paz, sin resistencias. No estaba, tal vez, eufórico, ni ardiendo, pero experimentaba calma. Hoy no es así. ¿Qué pasó? ¿En dónde perdí el camino?

Como siempre, mi aproximación a las respuestas, pasará primero por la negación de algunas hipótesis. No, no es la soledad. Sigue entusiasmándome la idea de estar solo. Me gusta pensar, por ejemplo, que Alan sale de viaje y que tendré mi casa solo para mi. Sigo añorando ese café en mi propia compañía y ese momento en que no hay nadie más. Extrañamente, aunque la idea de la soledad me siga gustando, en los hechos, le he huido. Busco con ansiedad la egotista conquista, el confuso ruido, el morbo del celular. Y si me queda tiempo, estoy conmigo. Por supuesto que nunca queda tiempo. Y en esta ocasión, a diferencia de otras, se me ha ido completamente de control. En lo permanente, quiero dejarlo, pero cuando es tiempo de decir, en lo inmediato, termino siempre eligiéndolo. Y lo hago, me acompaño de personas que no me interesan, de ruido que no necesito y de situaciones que no me pertenecen. Y después me arrepiento, me resisto… demasiado tarde, solo se convierte en dolor. Parece difícil hacer frente a esto que me pasa, aparentemente ya es, incluso una costumbre. Y lo digo con hechos reales, justo ahora, mientras escribo, tomé mi celular sin un sentido definido, solo por la tradición de hacerlo cada cierto tiempo. Así que debo intervenir. O más bien, debo pedir ayuda. Lo único, a diferencia de mis conflictos anteriores, es que hoy tengo claro que esto es porque debía ser. Sé que aunque no comprendo a perfección qué es lo que pasa, esto tiene una clara razón de ser. Busca llevarme a un mejor lugar. Intenta hacerme subir un escalón. Pero siento también que me he quedado en la transición. Que no he cortado de tajo con lo que me está deteniendo a dar el siguiente paso. Que aunque sé qué es lo que quiero, termino haciendo cosas que ni quiero, pero que en mi debilidad, pienso que quiero. Hoy debe ser, realmente, un día de corte. Se hace urgente pasar nuevamente a la calma. Y esa calma no llegará sin dos elementos esenciales: confianza y presencia. Necesito confianza plena en el Padre. Necesito volverme a creer elegido, preferido, consentido de la vida. Dejar de sentir miedo por ser algo que en el fondo nunca seré. Confiar en la vida, sus caminos y azares, es la mejor (y la única) forma en que podré salir de esto. Y presencia. Requiero presencia. Dejar de estar ausente, con los ojos puestos en el celular, en el retrovisor o los binoculares. Necesito, más que nunca, procurar la atenta presencia. Hay veces que fluye, otras que necesitas buscarlo. Hoy requiero luchar por mi presencia. Acercarme a lo que me acerca a mi mismo. Meditación, yoga, caminatas, convivencia con la naturaleza. Y requiero, por supuesto, dejar otras. Celular, ansiedad sexual o cualquier actividad que me quite la paz. Hay momentos de disfrutar, otros de vivir intensamente y estos, de buscar, a como de lugar, la paz. Mis valoraciones deben ser distintas. Hoy debo privilegiar todo aquello que me de paz. Pláticas nutritivas, personas entrañables, lugares inspiradores. Necesito luchar con todas mis fuerzas por no perderme en este camino. Me siento contaminado, en contingencia ambiental y en momentos como este, se deben cambiar los hábitos, dejar el coche en casa y tomar medidas extremistas de purificación del aire. Ya habrá otros momentos de soltura, hoy necesito estar muy atento, antes de que sea demasiado tarde.

Ya no sé si algo me falta o me falta todo. No sé si estoy incompleto o si estoy completamente vacío. Pesa menos, claro. Una mochila sin carga es fácil de llevar, pero no sirve de nada. Y eso siento, una intensa levedad, que bien pudiera pensarse como ligereza al caminar o como podredumbre al respirar. Y como siempre, vuelvo al triángulo del equilibrio para evidenciar que más que una figura geométrica perfecta, soy un punto. Un punto que necesita jalarse a la izquierda, a la derecha y hacia arriba para volver a estar de pie.








viernes, 10 de octubre de 2014

Amor o eso


“Sí, sí la amo, es solo eso de ella lo que no me gusta, pero creo que puedo arreglarla…”
 “No sé, siento que he podido cambiarla un poco y que puedo seguir cambiándola hasta que se le quiten todas esas cosas.”

Lo escuchaba contarme esto y pensaba en ese gran concepto: Amor. Una sola palabra con tantas acepciones. “Amo a mi perro.” “Amo a mi familia.” “Amo esos zapatos.” “Amo a mi novia.”. ¿Cuál forma es la correcta? ¿Cuál la verdadera?

Lo que es un hecho es que todos hablan de amor. Y hablan de él como si lo añoraran, como si quisieran vivirlo. Pero luego los ves actuar y parece que buscan lo contrario. Y la pregunta sigue sin responderse: ¿qué es el amor?

La realidad es que nuestras ideas más cercanas al concepto de amor vienen de cuentos, de novelas, de películas románticas,  de canciones pop… y ahora también de vidas de Facebook. Y todas estas muestran este estilo de amor rosa y clichero. Y como seguramente todos hemos visto a los lados, esta definición de amor más nos induce al sufrimiento y al dolor que a la verdadera felicidad.

La razón, en el fondo, es que estas ideas de amor son defectuosas. Están basadas en posesión y egoísmo. “Tu eres mi amor, mi novia, mi niña”. “Te amo…” pero si y solo si estás conmigo, si haces lo que te pido. Esa es una forma posesiva de amor ¿no? Ese es un amor con condiciones, con notas al pie. Ese es un tipo de amor bastante impuro.

Basta con voltear alrededor. Preguntarle a alguien: ¿A quién odias? Muy probablemente la respuesta será a alguien a quien anteriormente decían amar. Mi padre, mi exnovia, el que solía ser mi mejor amigo. De hecho un gran porcentaje de asesinatos se cometen por razones “de amor”. Por celos, por obsesiones. Parejas que solían compartir abrazos, “te amos” y besos, ahora comparten odio de uno para el otro y viceversa. ¿Cómo puede ser eso posible? ¿Cómo puede el amor convertirse en odio de un instante a otro? ¿Eso es amor real?

Mi respuesta es que no. Eso es una posesión compulsiva. Eso es una adicción egoísta… y como toda adicción, puede hacer sentir bien un rato, pero termina por destruirte.

¿Y entonces? Sigue sin responderse ¿qué es amor? No busco una definición, busco un mero acercamiento. Creo que el amor, cuando es verdadero, cuando es real, es cuando menos lo puedes explicar. Lo que sí puedo es pensar en la forma de amor más real que conozco: el amor de Dios. ¿Y cómo es el amor de Dios? Es, principalmente, libre e incondicional. Dios no te ama (aunque las iglesias traten y traten de decirnos que así es) solo si perteneces a cierta agrupación o si cumples con ciertas reglas. Dios te ama sin importar nada de lo que pienses, hagas o digas.

“Creo que puedo arreglarla.”
No sé con precisión cómo se debe amar, pero sí se que así no. Aunque suene a cliché, pero amar es principalmente un ejercicio desde el interior. Es decir, no viene de condiciones externas, exactamente.
Me imagino al amor como a la vida. Con dos formas de vivirlas. Resistiéndose a ellas, queriéndolas cambiar… O felizmente caminando con ambas. Sabiendo que puedes, claro, mejorar en el futuro, pero no esperando eso para sentirlo.

jueves, 12 de junio de 2014

¡México, Campeón del MUNDO!

Arranca el Mundial. Y con él, vienen todas esas corrientes que intentan racionalizar esta pasión. Nada más contradictorio. Detecto dos tipos de transgresores al futbol:

Primero están aquellos que te quieren hacer sentir estúpido por ver el futbol. Aquellos intelectuales de banqueta que se sienten superiores por no interesarse en algo tan común como 22 hombres peleando por una pelota. Justificarán su decir, argumentando que hay cosas más importantes en las cuales poner atención. Lo dicen como si los que disfrutamos el futbol no lo supiéramos. El futbol no es más importante que la economía, lo tenemos claro. Tampoco es más importante que la salud, que la política, que las reformas… clarísimo, no se preocupen. Tampoco dormir es más importante, ni hacer ejercicio, ni pasar tiempo con tu novia o tus amigos. Son placeres individuales y poco trascendente, pero que nos hacen sentir más vivos que nunca. Extrañamente los países más desarrollados son los que tienen una afición fundamentalista por este deporte. ¿Han visto cómo viven el futbol en Inglaterra, en Italia o en España? Tuve la oportunidad de vivir una Eurocopa y esos cabrones sí están locos. Se paraliza el país y se ponen como animales con un gol, más que aquí, incluso. El problema no es que la gente viva con pasión el futbol, eso es una maravilla, es una válvula de escape. El problema es la pinche corrupción que nomás está viendo cómo aprovecharse de la gente, pero no por eso vamos a quitar todo aquello que nos hace vibrar.

Después encontramos a un irónico personaje detractor del mundial. Son aquellos que quieren estudiarlo, predecirlo, analizarlo y convencernos de que con numerología e historia se puede calcular lo que sucederá. “México no tiene posibilidades de llegar al quinto partido” dicen. “Es la selección que menos goles ha metido en la eliminatoria, no podremos ni con Camerún.” continuarán. Son chistosos, debo admitirlo. Hablan con la cabeza sobre algo que no se entiende desde ahí. Entiéndanlo de una vez por todas: El futbol no es lógico, no es racional. Uno no apoya al equipo que más veces gana, ni al que tiene los mejores números. Bastante llena esta la vida de conveniencia como para que quieran ahora matar la ilusión irracional de creer que tu equipo va a dar la mayor sorpresa de la historia de los mundiales y  va a campeonar. No sirve de nada que nos digan que no será así. Lo mismo decían de las selecciones menores y allá ya nos llevamos 2 mundiales. Y aunque fuéramos Honduras o Costa de Marfil. Creemos en nuestros equipos justo porque no tiene nada de inteligencia creer en ellos. Lo hacemos porque así vivimos, con ilusión, con fe, con ganas de romperle la madre a las estadísticas e historias. Quizás un día lo logremos, quizás no, pero lo que sí puedo asegurarles es que esta pasión nunca podrá ser entendida por la cabeza.


Así que a todos los haters del mundial, de la selección y de la pasión con lo que vivimos esto: lléguenle con sus traumas a otro lado. Si de chiquitos eran de los que nadie escogía para jugar en su equipo antes de un partido, este es un buen tiempo para que lo superen, pero no intenten que le bajemos a la pasión con la que viviremos esto. Ultimadamente, no sé qué será más estúpido, si creer que la vida es para pensarse siempre, para organizarse y racionalizarse… o si dejarse llevar por una pasión que simplemente no puedes controlar.

Alex H.


jueves, 27 de marzo de 2014

El falso bienestar.

El concepto de “bienestar” está muy manoseado. Un ejemplo claro de la perversión con la que se ha usado esta palabra, es el slogan del Gobierno de Jalisco para este sexenio. “Bienestar. Mereces estar bien.” se aprecia en cualquier evento del ejecutivo estatal. Y yo, cuando leo esto, no puedo sino pensar en la idea de desarrollo de Amartya Sen.

Él decía que un gobierno solo debía ser juzgado en función de las capacidades concretas de sus ciudadanos, eso para Sen es “libertad”. En otras palabras, su teoría dice que una sociedad es desarrollada tanto como sus ciudadanos son libres. Evidentemente, lo importante aquí es cómo considerar a un hombre “libre”. Si lo explico en mis palabras, con un ejemplo tonto, es como cuando tu papá o tu pareja te dicen el famosísimo: “haz lo que quieras”. Ese dicho no te hace libre en lo absoluto, porque tu sabes que eso no significa que puedas realmente hacer lo que quieras. Cosa diferente sería que mientras te dicen ese “haz lo que quieras”, te den una tarjeta de crédito sin límite, las llaves del coche, un beso en la frente y un tríptico con todas las cosas que puedes hacer esa noche. Así sí hablamos de una verdadera libertad. De un verdadero “haz lo que quieras”. Lo mismo sucede con las libertades de los ciudadanos. De nada nos serviría que nos dijeran que tenemos el derecho a votar por nuestros gobernantes, si pusieran las urnas en medio del mar, donde no pudiéramos a acceder.

Esto sucede con el Transporte Público. El 70% de los ciudadanos lo utiliza como su medio principal de transporte. Y no es que anden arriba del camión moviéndose de un lugar a otro solo por diversión. La mayoría de los usuarios, ven al camión como un factor de estudio o de trabajo. Luego entonces, el costo, calidad y eficiencia del medio que transporta a millones de ciudadanos, es determinante para el trabajo que se desempeñe. En sentido profundo, la jornada laboral inicia desde que la persona busca trasladarse al lugar donde labora. Si el camión que te lleva a ese lugar es muy caro, te provoca daños físicos, te genera estrés o no cumple con su frecuencia normal de paso y traslado, el desarrollo y la libertad de las personas estará complicado.

Pero la importancia del transporte público va más allá. El camión es un factor determinante de calidad de vida. En ciudades grandes, donde las personas recorremos largas distancias en el día a día, es necesario pasar gran parte de nuestras horas arriba del camión. Si el lugar donde pasamos más del 20% de nuestro día es inseguro, estresante, sucio, incómodo, será difícil conseguir una verdadera calidad de vida. Sumarle a las preocupaciones de la rutina diaria, un nuevo elemento de estrés cotidiano y dañino, seguramente dificultará la tranquilidad y felicidad de los usuarios, que, como ya dijimos, no son pocos.

A eso debemos sumarle la relevancia que tiene el camión en el medio ambiente. Las implicaciones ambientales de tener un mal servicio de transporte público son innumerables. Por una parte, los camiones son generadores directos de contaminación. Tener unidades viejas, inadecuadas o sin el mantenimiento necesario, dañan el aire que respiramos todos los días. Pero ni siquiera es esa la afectación mayor. El sistema de Transporte es determinante para las dinámicas de movilización de la gente. Es decir, tener un buen transporte público incentiva que los ciudadanos con posibilidades de tener un auto, decidan dejarlo en casa y preferir usar un medio de traslado masivo, siempre y cuando este le resulte seguro, más barato y eficiente. Tener un mal sistema de Transporte incentiva justo lo contrario, que todos quieran adquirir un automóvil para bajarse definitivamente del camión. El 91% del Transporte en Jalisco es Privado. Solo el 0.4% es Público. Esto nos dice el fracaso del modelo. El 0.4% de los vehículos del estado mueven al 70% de la población. La tendencia de crecimiento del parque vehicular de Jalisco es de las más altas a nivel nacional. Cerca del 10% de aumento de vehículos cada año, con las afectaciones ecológicas que esto trae.

De nada nos sirve que pongan miles de espectaculares con la palabra “Bienestar” si los vemos arriba de un camión en pésimas condiciones. Hablar de “bienestar” y tener un mal transporte público, es irónico. Si este o cualquier gobierno quiere generar desarrollo, quiere darle bienestar a sus gobernados, un buen Transporte Público es un indispensable paso.