sábado, 12 de octubre de 2013

Universo Delimitado

En la figura que se llama oxímoron,
se aplica una palabra un epíteto que parece contradecirla;
así los gnósticos hablaron de una luz oscura;
los alquimistas, de un sol negro.
Jorge Luis Borges.

Aclaro el concepto de “oxímoron” porque le da sentido al título. Hablamos del 12 de octubre, del día del encuentro de varios mundos para formar uno solo, pero no hay que dejar de señalar que seguimos dándole vida a un oxímoron, seguimos viviendo en un Universo Delimitado.

Día de la Raza es el nombre con que se denominaron inicialmente en la mayoría de los países hispanoamericanos las fiestas en conmemoración del avistamiento de tierra, atribuido generalmente a Cristóbal Colón por estar al mando, pero que en realidad fue por el marinero Rodrigo de Triana en 1492, luego de haber navegado más de dos meses. Posteriormente ese lugar fue llamado América.

Es innegable que el día en que una parte del mundo descubrió que existía otra, con formas de vida totalmente distintas, pero seres igualmente humanos, se contribuyó fuertemente a la universalidad del universo, es decir, a que fuéramos un solo mundo, un todo. Pero ahora que estamos por festejar el aniversario de dicho descubrimiento, quisiera invitar a la reflexión sobre el avance que hemos tenido en la destrucción del oxímoron “Universo Delimitado” o si seguimos fragmentando al mundo.

Sin duda alguna, el avance en comunicaciones, tanto en carreteras, como en tecnología, ha contribuido al acercamiento, pero no hemos logrado quitarle los límites al universo.

Y con esto no me refiero a temas de globalización económica, a derribar las fronteras comerciales o tratados de libre mercado, sino al sentido más profundo, más elevado… el de vernos todos sin colores, nacionalidades, religiones, partidos políticos o diferencias de pensamientos, al de vernos todos como humanos.

Hoy en día todas las noticias llegan rápido de un lugar a otro. En unos segundos nos enteramos del Caso Fritzl, aquel electricista austriaco que encerró en un sótano y abusó sexualmente de su hija durante 24 años y tuvo con ella 7 hijos (que a la vez eran sus nietos), todo mientras él vivía con su esposa en el piso de arriba, fingiendo una vida normal. Pero esa misma velocidad de la información nos arrebató la capacidad de asombro. Como Austria suena lejano, dejamos de sentir indignación por ese acto y en unos segundos pasamos a ver en YouTube algún video de gente que se cae.

Es por eso que hoy, en el Día de la Raza, me gustaría hacer un llamado a la humanidad. No es el llamado a algo extraordinario, de hecho lo que les quiero pedir es instintivo y natural, tanto que si simplemente nos permitiéramos ser, lo estaríamos cumpliendo. La invitación es a que SEAMOS HUMANOS. A que dejemos de lado si aquella persona que está sufriendo homosexual o hetero. A que no pensemos si al que se le está negando la entrada al país es holandés o guatemalteco. A que nos olvidemos si el que murió en guerra es musulmán o cristiano. A que superemos lo pequeño que nos puede separar, como la visión política, económica o posición social y nos centremos en lo grande que nos une, la especie y espíritu. A que comencemos a vernos como hermanos, pertenecientes a una misma generación, habitantes de un mismo planeta, compartiendo pensamientos, sentimientos  y actos, entendiendo que el paso por aquí es temporal y qué mejor que hacerlo juntos, ayudándonos, empujando al mundo para el mismo lado. Aprovechemos el Día de la Raza y hagámonos una sola raza. Una raza unida y fraterna que a partir de ahora y cada vez más rompa el oxímoron y lo convierta en pleonasmo para que podamos decir: vivo en un Universo sin Límites.


miércoles, 21 de agosto de 2013

Correr desnudo por Chapultepec




¿Estoy loco yo o están locos los demás? Es una pregunta que torturó a Einstein hace mucho tiempo y que hoy me tiene igual de angustiado. No me estoy comparando con Albert, tranquilos. Seguramente, además de él y yo, muchos nos hemos hecho esa pregunta continuamente.

Hoy, 21 de agosto, puedo decir que tengo la respuesta: Estoy bien pinche loco. Y, por si no lo sabían, en los grados de locura, el nivel “bien pinche” es el más alto que existe. Lo dice la ciencia, a mi no me digan.

No sé si para que me lo crean a plenitud y se hagan a la idea de mi enloquecimiento sea necesario que salga desnudo a la calle o empiece a hablar con los animales. Si es así, puedo hacerlo eh, sin problemas. Lo que sea porque de una vez por todas me vean pasar y digan: “Ese wey está loco”. Y cuando el otro pregunte: “¿En serio?” ustedes puedan decir: “Sí, lo vi encuerado corriendo por Chapultepec”. Así ya no quedarán dudas y podré pasearme por ahí con una etiqueta en la frente (implícita, no visible) que diga “Cuidado, hombre con deformaciones mentales”.

Sí, creo que es lo mejor que me pudiera pasar. Júzguenme loco, por favor. El ruido interior y exterior necesita ser callado con un determinante: “¡Basta! Estoy loco.”.

Recuerdo una conversación que tuve hace tiempo con un gran amigo, egresado de Psicología, con maestría y todo el Pedigree que quieran. Aquel día me decía que, de alguna forma, lo que él intentaba hacer cuando tenía un paciente, no era “estabilizar” la mente, sino administrar la locura. “Lo mejor que podemos hacer frente a la vida, es sabernos locos” recuerdo que me dijo.

Y no es el único. Naoko le escribió a Toru algo muy parecido. Naoko es aquella bonita japonesa de 20 años, coprotagonista de Tokio Blues, novela de Haruki Murakami, quien después del suicidio de su novio, se interna en un Sanatorio (Residencia AMI), desde donde escribe esta descripción del lugar donde se encuentra con destinatario el personaje principal (repito, está en un manicomio):

“Me sucede algo extraño, cuando miro a mi alrededor dejo de discernir quién es quién y todos me parecen deformados.

Un día se lo dije a mi medico y me respondió que mi impresión era, en cierto modo, correcta. Me explicó que no estamos aquí para corregir nuestras deformaciones, sino para acostumbrarnos a ellas. Afirmó que uno de nuestros problemas (de los locos) es la incapacidad de reconocerlas y aceptarlas. Y que, al igual que todos los seres humanos, tenemos un modo peculiar de andar, de sentir, de pensar y de ver las cosas, y que, por más que intentemos corregirlas, jamás lo conseguiremos. Al contrario, si intentamos corregirlas a la fuerza, únicamente lograremos que se resientan otros aspectos. No hace falta decir que esto es una simplificación y que sólo recoge una parte de los problemas que tenemos, pero entendí muy bien lo que trataba de decirme. Tal vez somos incapaces de adaptarnos a nuestras deformaciones. Y, por lo tanto, posiblemente no podamos aceptar el dolor y el sufrimiento reales que provocan. Estamos aquí para huir de todo ello. Mientras nos quedemos aquí, no haremos sufrir a los demás ni los demás nos harán sufrir a nosotros. Porque todos nosotros sabemos que "estamos deformados". Esto es lo que nos distingue del mundo exterior. En él mucha gente vive sin ser consciente de sus deformaciones. Pero en este pequeño mundo, la deformación es la premisa. La llevamos en nuestro cuerpo, al igual que los indios llevaban en la cabeza las plumas que indicaban la tribu a la que pertenecían. Vivimos en silencio para no herirnos los unos a los otros.”

Leer ese extracto clarificó muchas cosas en mi vida. La locura más grave es querer ser cuerdo. La cordura más pacífica es saberse locos.

Cuando identificamos a alguien como “loco” dejamos de pelear con él. Entendemos que se salió del molde y que será imposible regresarlo. Lo escuchamos, pero no ponemos tanta atención en la coherencia de sus palabras. “No te preocupes, está loco” decimos. Lo vemos cometer estupideces y hacer cosas que (según nosotros) no haríamos, pero no luchamos contra eso. Para qué, si está loco.

Creo que hacemos lo mismo con nosotros mismos. Si nos asumimos como trastornados, nos permitimos equivocarnos sin escrúpulo. Bajamos nuestra línea de exigencia y empezamos a querernos aún con tanta falla.

Allá ustedes y su eterna lucha por ser cuerdos o perfectos. Allá sus duros juicios con ustedes y con los demás. Nosotros los locos somos seres perdidos, que estamos en este mundo solo para regarla y disfrutar el error mismo. Nosotros los locos sabemos que no debemos apostarle a nuestras fuerzas, ni a nuestra inteligencia, ni a nuestra voluntad, sino simplemente tener fe.

Es por eso que veo en esta declaración de demencia la mejor salida a esa falsa búsqueda de perfección que a veces me agobia. A partir de esto, puedo dedicarme, por fin, a vivir. De la única forma posible que existe: con deformaciones, estupideces, malas decisiones, errores y, sobre todo, locuras, con muchas locuras.



lunes, 12 de agosto de 2013

PROPUESTA: ¡Menos PARQUIMETROS, MÁS SEGURIDAD!




Altavoz es un movimiento que surgió para trabajar con los ciudadanos, para hacer que su voz se escuche. Es por eso que desde nuestro origen nos definimos como una organización ciudadana que más que protesta, hacemos propuesta.

Decidimos hacerlo directamente ahí, en donde los problemas diarios lastiman más, en donde las soluciones son cada vez más necesarias: en las calles, en las colonias, en los espacios públicos, pero también tocando puertas y entrando a las casas.

Hoy más que nunca hemos detectado la sensación de inseguridad que vive la gente. Ya sea en la Zona Centro, en la Zona Minerva, en la Zona de Chapultepec, Santa Tere,  Cruz del Sur,  o en El Alamo y la Zona Industrial, la gente tiene miedo. Miedo de salir a las calles, miedo de que sus hijos jueguen en la cuadra, miedo de ir al centro a hacer las compras y que alguien te arrebate el dinero de la quincena sin que nadie haga nada.

Definitivamente no podemos permanecer estáticos ante esta situación. Hemos escuchado ya la voz de la gente y hoy queremos que el ALTAVOZ que implica la unión social logre que empiece a haber más soluciones y menos discursos de justificación.

Es por eso que nos hemos dado a la tarea de ir más allá de las ya comunes quejas sociales. Claro que necesitamos mayor número de policías recorriendo las calles, claro que necesitamos sanciones más severas contra quienes son detenidos por delitos que atentan contra la seguridad de la gente, claro que le pedimos al alcalde Ramiro Hernández que limpie las estructuras policiacas para que haya menos casos de corrupción y más de protección ciudadana… Pero hoy estamos aquí con una propuesta específica, innovadora y joven de cómo proteger más al ciudadano ante la inseguridad y de paso, cómo hacer más justo y eficiente el cobro de cuotas y multas en los parquímetros municipales.

Todo hemos visto agentes municipales vigilando el pago de los parquímetros en las calles de Guadalajara. Aproximadamente hay 79 funcionarios recorriendo los principales cuadros de la ciudad, caminando las calles que les corresponden, esperando que alguien no cubra con la cuota para, inmediatamente, hacerle un folio.

Haciendo un análisis profundo, coinciden las zonas donde hay más parquímetros con las zonas donde los delitos son más recurrentes. La Zona Centro, las cercanías de Chapultepec, la Zona Minerva, Cruz del Sur, Santa Tere. Ahí, donde todos los días hay gente a quienes nos roban autopartes, celulares, computadoras o dinero en efectivo, ahí también hay muchos agentes municipales recorriendo las calles.

Pero después de investigar a fondo, nos ha sorprendido saber que quienes te ponen esa infracción NO SON SERVIDORES PÚBLICOS, no son empleados del Ayuntamiento, sino que son empleados de la empresa METROMETERS quien el 26 de abril de 2011 firmaron un convenio con el Gobierno del entonces Alcalde Aristóteles Sandoval (hoy Gobernador) para que ellos pudieran aplicar las multas y ganarse el 50% de cada multa que pongan. Es decir, hay una empresa privada cobrándote lo que por ley solo te debería cobrar una autoridad gubernamental… y lo peor, llevándose el 50% de eso.

Con este antecedente es entendible que las multas por parquímetros pasaron de 140 pesos en 2010 a 345 pesos en 2013. Los ciudadanos de calle estamos pagándole a una empresa… por infraccionarnos. Sin garantizar seguridad, sin que esto proporcione un bien a la ciudad. Sin ningún benefició, salvo el beneficio de unos cuantos.

Es por eso que nuestra propuesta es clara y de resultados inmediatos:

1.     Primero, que se declare nulo el contrato con la Empresa METROMETERS puesto que es, a todas luces, un convenio ilegal, que concede a una empresa privada una atribución que, por ley, es exclusiva del gobierno municipal. De esta forma, el gobierno municipal recobrará la responsabilidad de vigilar e infraccionar en los parquímetros y los agentes que verifiquen esta medida SÍ SERÁN SERVIDORES PÚBLICOS.
2.     Que dichos servidores públicos que se encarguen de verificar el pago de los parquímetros y de, en su caso, imponer multas, estén técnicamente capacitados para que se coordinen con la Secretaría de Seguridad Ciudadana y así, quienes estarán caminando todo el día nuestras calles, no solo se encarguen de multarnos, sino también de prevenir y sancionar delitos, de proteger a los ciudadanos.
3.     Que la tarifa de los parquímetros y multas se reduzcan en 50%. Dado que ya no habrá ninguna empresa privada que se esté llevando la mitad de lo que nos cobran, que dichas tarifas regresen a la normalidad y cuesten solo la mitad de lo que hoy cuestan.

Con esto estaremos logrando que el ciudadano sea menos lastimado en su bolsillo y que, a su vez, se aumenten los servidores públicos que estén atentos a las situaciones de riesgo y con la capacidad de proteger al ciudadano en casos de robo y delitos de este tipo.

Ya estamos cansados de discursos de justificación. En ALTAVOZ queremos soluciones, pero no solo las pedimos, sino que las ofrecemos. Esta medida puede tomarse inmediatamente y con esto lograremos evitar que unos cuantos sigan enriqueciéndose a costa nuestra y que los ciudadanos nos sintamos con menos miedo.


miércoles, 24 de julio de 2013

AYUDEMOS a los que PERDIERON TODO en Tonalá.





Estás en tu casa. Se escucha que viene una fuerte tormenta. El crujir de las nubes al chocar entre sí lo anuncia. Caen las primeras gotas y se confirma: está lloviendo.


Sientes miedo. Has estado viendo que cuando la precipitación es muy intensa, pueden empezar a salir goteras o hasta daños graves en las casas. Prefieres no pensar en eso y mejor juntas a tu familia para tratar de hacer el momento menos complicado.

La lluvia empieza a golpear más fuerte, las gotas parecen ser pedradas y cada vez más constantes. El techo comienza a parecer no tan fuerte y el miedo de que algo pase crece.

La televisión dice que cerca de donde tu vives, la corriente acaba de arrastrar a un hombre que estaba arriba de su carro y se confirma la primer víctima fatal de esta lluvia. Si pensabas salir a ver qué pasaba afuera, has abortado esa idea.

A partir de ahí, todo duele un poco más. La caída de agua parece tener coraje y quien empieza a sufrir las consecuencias es el hogar que con tanto trabajo has construido. Se cae la pared que colinda con la calle. Tu hija de 5 años comienza a llorar mientras te pregunta qué pasa. Tu solo le dices que no se preocupe, que todo estará bien. Lo dices sabiendo que es mentira, pero no encuentras algo mejor que contestarle. Lo siguiente en caer es la puerta del patio. El viento es como el que solo habías visto en las películas. De ese que grita al moverse y que conduce con él pedazos de tierra, ramas y lo que encuentra a su paso. También lleva agua. Mucha agua que comienza a filtrarse en tu casa y a hacer un pequeño charco. El viento sopla más fuerte y ahora se derrumba la pared del cuarto de tu hija. El agua ya te llega a las rodillas, pero a tu hija le toca la cintura. Es ahí cuando tomas la decisión de llevar a tu familia a casa del vecino. Cuando tu, tu esposa y tu hija salen para tratar de llegar al hogar de al lado, te das cuenta que el vecino está en la calle, que su casa también se está inundando. Dentro de la intensa y golpeadora lluvia, tu y el vecino deciden llevar a sus familias al templo, a una cuadra. Caminar en esta lluvia es ensordecedor, pero no sabes ni cómo, pero sacas fuerzas, cargas a tu hija, tomas de la mano a tu esposa y llegas a un lugar a salvo.

Al día siguiente, una vez que la lluvia pasó, te diriges a tu casa, pero en lugar de encontrarla, te enfrentas a un terreno de ruinas. Perdiste tu hogar, tus bienes, tus documentos, tus recuerdos y todo lo que considerabas tu patrimonio. No sabes qué hacer. No entiendes por qué te está pasando esto. No encuentras una forma de salir de esto. Tu solo no podrás con tanto…

Parece una historia de ficción, ¿no? Pues no lo es. Esto le sucedió antier a más de 100 familias de Tonalá, a unos minutos de donde vives. Están desesperados. Perdieron todo. Se calculan pérdidas de 20 millones de pesos. Ya hay muertos y muchos damnificados.

La única forma de que esto cambie, de que esto mejore, es la unión solidaria. Es cuando por un segundo sientes que se te arruga el corazón y en vez de cerrar las noticias o este escrito, te decides por dejar por unos minutos tu cómoda silla y hacer algo por ayudar.

Estamos hablando de personas, de familias, de niños. De seres humanos como tu y como yo. Personas que sienten hambre, que sienten tristeza, desesperación… y que cuando alguien que no conocen les tiende la mano, de alguna forma también sienten esperanza, recobran los motivos para vivir, para luchar. Todo eso puede hacer el pequeño acto de levantarnos de nuestra silla y ayudar.

Hoy no importan quién tuvo la culpa, quién desprotegió a estas familias, quién hizo mal su trabajo. Hoy es más importante que los que están sufriendo, vean una luz de salida.

Queremos invitarte, con la mano en el corazón, sin importar nada más que lo más fuerte que nos une, nuestra natural tendencia a darnos la mano, a que ayudes a esta gente.

Es muy fácil.

La dinámica es la siguiente:

La gente de allá necesita ropa, cobijas, agua embotellada, alimentos, pañales y medicamentos.

Sabemos que es complicado que puedas salirte de tu trabajo, ir a un supermercado y comprar productos de ayuda. Para eso, nosotros te ayudamos a ayudar.

Estamos elaborando un KIT DE SOLIDARIDAD de 200 pesos. Este incluye cobija, aguas, pañales y otros productos que nuestros hermanos tonaltecas están necesitando.

Así es que si quieres ayudar y no tienes tanto tiempo, con nosotros puedes hacerlo de manera simple, siguiendo estos pasos:

1.     Escríbenos en Facebook (Alejandro Hermosillo) o Twitter (@AlexHsillo o @AltavozJalisco ) manifestando que quieres apoyar a Tonalá.
2.     Define cuántos Kits de Solidaridad quieres comprar. Cada uno cuesta 200 pesos. Necesitamos 100 Kits en total.
3.     Nosotros nos pondremos en contacto contigo para ponernos de acuerdo y recoger el dinero, hacer las compras y llevarlos al Centro de Acopio.

** En Redes Sociales publicaremos una lista de las personas que ayudaron y con cuanto.
** Por cada apoyo registrado, habrá fotografías que demuestren con transparencia que todo lo recolectado sirvió para comprar Kits de Solidaridad.
** Los Kits de Solidaridad serán entregados en el Centro de Acopio de RMX (Luis Pérez Verdia #135)

miércoles, 5 de junio de 2013

La mejor forma de poblar la soledad.


Dos aplausos al aire, un golpe a la mesa. Dos aplausos al aire, un golpe a la mesa. Repetición constante de este acto y se confirma: se está haciendo música.

Hay un bebé en el cuarto. Tiene apenas 6 meses, pero su reacción refleja una madurez que muchos ya quisiéramos. Cuando escucha la segunda ronda de aplausos y golpes a la mesa, deja todo lo que estaba haciendo (digo, no estaba haciendo mucho, solo dejó el llavero de plástico con el que estaba jugando) y abre los ojos un poco más, en señal de que desde ese momento toda la atención estaría en el lugar origen donde se producen aquellos sonidos. -Dos aplausos al aire, un golpe a la mesa- sigue sucediendo y el bebé no tarda en empezar a mover su cuerpo al ritmo de las percusiones. Sonríe mientras se mueve y aunque la combinación de golpes agudos y graves no tiene una nota musical avanzada, sabemos que al bebé le gusta. Nadie le ha dicho al pequeño que cuando escuche ese tipo de sonidos deba moverse. Lo interesante es que como una reacción natural, como llorar, como abrir y cerrar sus puños cientos de veces al día, como exigir alimento y buscar los ojos de su madre desde donde se encuentre, el reciente ciudadano baila cuando escucha música.

La música siempre ha sido un pilar en mi vida. No al nivel de lo eterno (eso está monopolizado por mi amigo Dios), pero sí de lo trascendente. Sin embargo, el concepto de música que tengo es algo distinto al común. Yo creo que música es cualquier cosa que te mueva (interior o exteriormente). Luego entonces, un poema, un discurso, un libro o hasta una mirada pueden ser música. También los dos aplausos y el golpe a la mesa lo es. Con este contexto, comprenderán entonces lo importante que es cada persona que hace música en mi vida (tanto los que me rodean, como los que jamás conoceré en persona).


Cuando pienso en el arte de lo musica, siempre me viene a la mente lo difícil que debe ser hacer una canción. Hay que combinar armoniosamente el sonido que produce la tensión de algunas cuerdas, el eco que deja el paso vibrante del viento por un cilindro con entrada y salida y el estruendo de cada golpe material sobre algún instrumento. Y todo esto, enmarcado por alguna letra bien enritmada. Pareciera un proceso complicado de creación. Si quisiéramos estudiar científicamente la forma de hacer una canción, probablemente nos daríamos cuenta que puede llegar a ser un sistema tan perfectamente organizado como el complejo mecánico que hace funcionar a un avión o los algoritmos necesarios para programar a un robot. En pocas y vulgares palabras, hacer una canción está muy cabrón. Y lo digo porque lo he intentado. Una vez, un amigo y yo (él con su guitarra, yo con mi lápiz), tratamos de construir una pieza musical. El resultado fue algo verdaderamente asqueroso. No volvimos a tratar y el tema no se volvió a tocar.

Es por eso que creo que la creación musical es un don que Dios le dio a ciertas personas. Pienso incluso, que esas personas fueron enviadas por Él para cumplir una misión importante. Voy a hablar, para ejemplificar mi teoría, de uno de estos “elegidos”. Aclaro que no es mi músico favorito y lo he escuchado poco, pero me parece un buen testimonio de lo que un músico es. Me voy a referir a Facundo Cabral, quien tuvo su último concierto en la Ciudad de Guatemala el martes 5 de julio de 2011 en el Expocenter del Grand Tikal Futura Hotel, a las veinte horas, donde concluyó su presentación con una frase que me confirma que él tenía cierto vínculo especial con El Patrón: “Ya le di las gracias a ustedes por esta vida; ahora que sea lo que Dios quiera, porque Él siempre sabe lo que hace”. Dijo esta frase, interpretó  su última canción (“No soy de aquí, ni soy de allá”) y el telón se cerró. Es fácil de deducir que él ya sabía que unas horas después, a las 5:20 am, camino al Aeropuerto de la Ciudad de Guatemala, tres vehículos le cerrarían el paso al suyo para posteriormente cerrarle el paso también a su circulación sanguínea. Varios disparos, un herido y Facundo Cabral muerto. El objetivo central del ataque era el “empresario” (si es que se le puede llamar así a los que obtienen dinero del sufrimiento) Henry Fariñas, quien tenía nexos con “La Familia Michoacana” y una pandilla llamada “Los Charros” que tenía negocios por más de mil millones de dólares. Aclaro esto, porque cuando escuché la noticia del asesinato, me parecía increíble que alguien quisiera muerto al místico, pacífico y luchador social, Facundo Cabral. Entender que el ataque iba dirigido a alguien más, me hizo comprender que no fue coincidencia, sino que era tiempo de que ahora Facundo regresara a la casa del Padre a llenar de música y poesía aquel lugar.

Lo primero que escuché de él, hace tiempo ya, fue: “Me gusta la gente simple”. Cuando leí el título no me pareció una canción atractiva, pero cuando dice: “Me gusta la gente simple, aunque yo soy complicado” me di cuenta que ya no había vuelta atrás, me había ganado. “La que al vino le llama vino, la que al pan le llama pan y enemigo al enemigo” siguió musicándome y conforme avanzaba la canción, me sorprendía de cómo alguien podía resumir en 3 minutos lo que me ha llevado una vida inferir. Supe entonces, que este vato (como muchos otros) había sido inflitrado en este mundo para quitarnos las vendas de los ojos, los tapones de los oídos y las razones de los sentimientos… En resumen, para hacernos una vida más fácil.

Este escrito es solo un confuso intento por agradecerle a la música el acompañamiento que ha ofrecido a nuestras vidas. Buenos, malos, hombres, mujeres, ricos, pobres, africanos, americanos, ingenieros, doctores, viejos de 75 años, niños de 6 meses… Podemos tener todas las diferencias posibles. No nos conocemos y tal vez nunca lo haremos, pero puedo asegurarte que tu, yo y todos los que han pisado este mundo, alguna vez han sentido ese movimiento instintivo e inexplicable al escuchar una canción. Eso, eso se llama música. Eso, eso es un regalo de Dios. Eso es lo que nos asegura que nunca hemos estado solos. Esa es la mejor forma que yo encontrado para poblar la soledad.